El coste ambiental de conducir

Muchos tienen la concepción de que los vehículos eléctricos están abanderando el movimiento eco en el sector motor, pero todavía no está ni mucho menos claro cuánto contaminan en comparación a los vehículos térmicos (diesel o gasolina).

 

Para poner sobre la mesa datos claros y precisos sobre lo que contaminan los vehículos actuales, teniendo en cuenta no solo las emisiones generadas por los motores en marcha, sino también su proceso de fabricación, los materiales empleados o la forma de conducir, en Francia se publicó en 2014 un estudio elaborado por Ademe que justamente compara los vehículos gasolina, diesel y eléctrico.

La primera aportación del estudio es que si bien el coche eléctrico es más eficiente durante su uso, su consumo de energía primaria es mucho mayor en la fabricación. Aunque claro está, durante su uso, este consumo de energía primaria va compensándonse y gana en eficiencia a los coches de gasolina y diesel.

Así pues, de 0 a 40.000 km, un vehículo térmico  tiene un consumo inferior de energía primaria, independientemente de los parámetros modificados. Entre 40.000 y 100.000 km, los resultados siguen siendo más bien favorables a los térmicos. Y a partir de 100.000 km, el consumo es equivalente.

En cuanto a las emisiones de CO2, causantes del cambio climático, nos encontramos de nuevo con que el vehículo eléctrico, en su proceso de fabricación, genera el 69% de las emisiones de CO2 asociadas a toda la vida del vehículo, incluyendo la fabricación de la batería, la cual supone un 35%. No obstante, estos datos mejoran a medida que se recorren más kilómetros, en comparación con los vehículos térmicos.

Otro aspecto determinante es la dependencia de recursos fósiles, en el que el vehículo eléctrico, al no tener que utilizar gasolina, gana por goleada a los vehículos térmicos, aunque esto solo se cumple si la electricidad para recargar las baterías no se genera con combustibles fósiles (centrales de gas o carbón).

Finalmente, el estudio de Ademe evalúa algunos parámetros más concretos de contaminación (acidificación, eutrofización del agua y ozono troposférico) y establece  que el coche eléctrico resulta bastante más sucio de lo que parece, principalmente, por los compuestos utilizados en la fabricación de la batería (en especial por la extracción del cobalto y el níquel para las baterías).

coche eléctrico

Vehículos eléctricos en función de la ciudad

De estos datos se desprende que en función de cada ciudad, sus niveles de contaminación, las emisiones y el número de vehículos existentes, interesará incentivar o no el uso del vehículo eléctrico.

Por ejemplo, según el estudio de unos investigadores estadounidenses  (Stephen Holland, Erin Mansur, Nicholas Muller y Andrew Yates), quienes calcularon el coste ambiental de conducir en su país, los coches de gasolina causan un menor impacto ambiental en la mayoría del territorio estadounidense que los eléctricos. No obstante, todo depende de dónde viva uno, porque en las grandes ciudades, como Nueva York, un vehículo eléctrico es tan malo como uno de gasolina, ya que la contaminación está en contacto directo con muchas personas; en cambio, en la zona rural de Nevada, la red de energía es moderadamente limpia y, por la baja densidad de población, los coches de gasolina no tienen a muchas personas a las cuales afectar.  

En el caso europeo, conducir un coche eléctrico en París es una buena idea para luchar contra el cambio climático, pero no tanto en las calles de Berlín, ya que la ciudad alemana genera al final unas emisiones de CO2 similares a las de uno de gasolina o diesel. Sin embargo, otro igual que se mueva por Francia empieza a ser más bien favorable en emisiones de COa partir de los 50.000 km y del todo favorable –sean cuales sean las variaciones introducidas– a partir de los 80.000 km. Al término de su vida útil, las emisiones globales del vehículo eléctrico de Francia representan menos de la mitad que el de gasolina.
  
Esto enlaza directamente con las conclusiones del estudio, que básicamente se centran en avanzar en el desarrollo de las baterías y en la necesidad de descarbonizar la electricidad en Europa. En definitiva, el coche eléctrico no tendrá nada de limpio si no lo es la electricidad con la que recargue sus baterías.